Se llama Carolina, tiene 33 años, está en pareja y buscó por 6 años. Padece endometriosis moderada e hidrosalpinx bilateral. Es de La Plata, Buenos Aires, Argentina.


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Mi nombre es Carolina tengo 33 años y esta historia comenzó hace más o menos 8 años. Con Facu nos pusimos de novio, trabajamos, viajamos, nos compramos la casa, disfrutamos mucho, nos fuimos a vivir juntos y después nos casamos; y ahí comenzamos a recorrer el camino de la búsqueda de un hijo.
Al principio de manera normal pensando lo fácil que iba a hacer y planeando cuantos hijos íbamos a tener y como se iban a llamar y todas esas cosas que hoy parecen tan simples. Pasado un tiempo, decido consultar al médico el cual me manda una serie de análisis y me encuentra la prolactina elevada: ¡listo! pensamos, ¡ahí estaba el problema! pasa el tiempo y seguimos igual y ya con el presentimiento de que las cosas se iban a poner cada vez más complicadas.
Investigo, investigo e investigo un poco más y llego a la endometriosis, lo hablo con el medico (otro médico) y decide hacer una laparoscopia que arroja un grado moderado de endometriosis, pero nos dice que vamos a poder ser padres. Para esto ya habíamos realizado tres inseminaciones y decidimos probar con una más que, por supuesto, resulto negativa. Otra vez cambiamos de clínica y de médico y me mandan repetir todos los estudios porque ya estaban muy viejos los que tenía. Y oh sorpresa, la histerosalpingografia arroja que tengo liquido en ambas trompas, en una más visible que en la otra. Me explican que ese líquido es embrio tóxico (gotea hacia el útero y puede matar al embrión) que lo mejor para pasar a tratamientos de alta complejidad es hacer una laparoscopia y ver el estado de las trompas.
De nuevo al quirófano, me operan y descubren que el líquido esta en las dos: hidrosalpinx bilateral, resultado: ambas trompas ligadas. Para mí eso fue devastador, sabía que era el camino correcto para la fertilización in vitro, pero a la vez tenía que procesar la idea de que nunca iba a poder tener un embarazo de manera natural.
Esperamos dos meses y en julio/agosto de 2015 realizo mi primer FIV con resultado negativo. Fue tremendo, después de todo lo que habíamos pasado enfrentarnos nuevamente a un negativo.
Tenemos que dejar pasar tres meses por cuestiones legales para poder volver a intentarlo. Ya habían pasado seis años de intentarlo, yo estaba física y mentalmente destruida, pero en noviembre lo hicimos de nuevo. Empezamos nuevamente desde cero porque no había quedado ningún embrión para congelar en el tratamiento anterior. Y para no dejar nada librado al azar decidimos hacer ICSI con columnas de anexina
Me transfieren dos embriones, uno de calidad buena y otro regular, nuevamente no queda nada para congelar lo cual me hacía pensar que íbamos a tener que enfrentarnos a otro negativo.
El 2 de diciembre, con todo el miedo del mundo, me hago la beta. Me mandan el resultado por mail, y ahí, sentados frente a la PC vemos un tímido numero 54 ¿qué era eso? ¿era positivo? ¿era negativo? yo esperaba un 0 o un 200 por lo menos. le escribo al doc. me dice que es bajo pero que hay que esperar 48hs y ver si duplica. Esperamos, repetimos y vemos un 75, no duplica, pero sube: cinco betas nos llevaron confirmar el embarazo, un embarazo medio complicado, con mucho reposo y cuidados.
El 25 de julio, por cesárea, a las 5 de la tarde nació mi bello Salvador y esos seis años de búsqueda se volvieron nada. Esa primera noche, en la clínica, miro a mi marido y le digo: no puedo creer que haya sido tan fácil; a lo que él respondió: ¿te parece que fue fácil?
Con el tiempo me di cuenta de que una vez que tuve a mi hijo en brazos, nada más importó, y todo se resumió ahí, en Salvador.
Ojalá mi historia le sirva a alguien que está a punto de bajar los brazos como lo estuve yo, justo antes de iniciar mi segunda ICSI. Si no fuera por el empujón que me dio Facu hoy no disfrutaría de lo más lindo que la vida me dio.

PD: al empezar la segunda ICSI estaba tan deprimida que adoptamos un perro para ver si me levantaba el ánimo, le pusimos de nombre Gaspar. Él fue nuestra compañía durante el tratamiento y el embarazo, muchas veces ayudándonos a sobrellevar momentos difíciles. Con el tiempo nos enteramos de que Gaspar significa “guardián del tesoro”. A una incrédula como yo, eso le movió el piso.”

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