28 ovulos. Sí, ¡¡28!!, pero tuvo que recurrir a tratamientos. Alcanza la historia para admirar a Paola, por lo generosa que es, por las decisiones que ha tomado, por cómo nos enseña con su vida y nos invita a reflexionar.
Personalmente quiero agradecerle por todo, pero por sobre todo, por haber seguido conectada con la luchadora que fue!

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Hola a todas,
Mi nombre es Paola y soy de Capital Federal.
Hoy tengo 43 años, pero entré en este mundo muy joven, a los 23 años, sin saber que era lo que me esperaba más adelante. Me fui a vivir con mi novio (novio, marido, pareja, como quieran decirle) a los 21 y dos años después empezamos a buscar. Éramos muy jóvenes, los dos veníamos de familias llenas de hermanos, tíos, primos. Queríamos tener varios hijos. No sabíamos nada, pero NADA de la infertilidad.

El primer mes que empezamos a buscar compré ropita de varón (porque estaba segura de que iba a tener un varón), ahora me acuerdo y me da entre vergüenza y dolor. Obviamente tuve la ropita varios años en un cajón hasta que finalmente la regalé porque ya se estaba pasando de moda.
Bueno, a los tres meses de buscar y no quedar fui a ver a mi médico ginecólogo de toda la vida que ¡Oh! casualidad era especialista en fertilidad. Un genio, una persona que voy a querer siempre porque me ayudó como nadie en este camino. Obviamente me mandó a mi casa y a esperar por lo menos un año porque era normal. No las voy a aburrir con detalles. Pero pasó el tiempo y el embarazo no llegaba. Hicimos todo lo que te dicen que tenés que hacer (¿la gente porque mejor no se meterá en sus cosas no?). En fin: nos mudamos, tuvimos un perro-hijo amado, nos fuimos de viaje, nos olvidamos, nos volvimos a acordar del tema y así arrancamos con los dos millones de análisis que ya sabrán cuales son. Los dos estábamos dispuestos a hacer todo, todo lo que fuese necesario para armar nuestra propia familia (hoy con muchos años recorridos y mucha experiencia encima, les puedo jurar que las familias se arman de mil millones de maneras y todas son hermosas cuando hay amor).¡En fin, después de dos o tres años llegamos al diagnóstico… ¡a Dios gracias! Yo tenía poliquistosis ovárica.

Hicimos un par de inseminaciones y nada. En ese momento ninguna obra social, ni por asomo, te cubría nada. Me acuerdo de que hicimos un esfuerzo enorme para poder pagar esos dos intentos. Pasó el tiempo y la única opción era hacer una FIV. ¡¡¡Impensable para nuestra economía!!! Inalcanzable. Y así pensamos en adoptar, los dos estábamos de acuerdo. El siempre fue un gran compañero. Averiguamos todo y ahí descubrí otro mundo, el de la adopción. ¡Una locura! ¡¡¡Teníamos que llenar mil formularios, tener abogados, casa propia, un chino!!! Y para peor como éramos muy jóvenes casi nos dejaban afuera porque todavía teníamos tiempo. Fue difícil la verdad, muy difícil. Ahí decidimos ir con todo con la FIV. Ahorramos, estábamos dispuestos a vender el auto (un auto viejo, pero era lo único que teníamos) y jugarnos todo con ese intento. Así fue. Tuvimos la suerte de que una gran amiga nos prestó sus ahorros, mi médico me metió en un plan de pruebas en su instituto y ahí fuimos… a recorrer otro camino.

¡La medicación funcionó perfecta y en el primer intento me sacaron 28 óvulos! ¡Una locura! Todos excelentes. Me acuerdo que compartía cuarto con otra chica, y su médico entra primero y le dice: Te sacamos 2. Uno bueno y otro maso, y se va. Al ratito entra el mío y me dice: ¡Buenísimo! Sacamos 28. Pero solo podemos fecundar 15. Qué hacemos con el resto. ¿¿¿Los destruimos o los donás??? (¡la cabeza me explotó! No sabía que existía esa posibilidad.) Le pregunté. ¿Cuánto tiempo tengo para pensarlo? Vuelvo en diez minutos me dijo. Puff! La chica que estaba al lado me miró. Le pregunté a mi novio. ¿Qué hacemos? Y él me dijo: son tus óvulos. Lo que vos decidas está bien para mí. Y la verdad no lo pensé más. Tanto camino recorrido, tantas historias de chicas que como yo estaban ahí luchando por lo mismo, tanto dolor y alegría, y pensé: En la vida uno siempre da lo que recibe, y recibe lo que da (como dice la canción de Jorge Drexler) y sin pensarlo los doné.
Ojalá de corazón, que haya podido ayudar a alguien en este largo y duro proceso. Bueno, el resultado fue que se formaron 13 embriones excelentes. En la primera transferencia nada. DURISIMO! Y unos meses después transferimos los congelados y llego mi milagro. ¡¡¡El embarazo!!! Eso que yo pensaba que siempre les ocurría a las demás y a que a mí nunca me iba a pasar. Fue un embarazo precioso, lleno de miedos obvios, pero finalmente llegó Antonia (el varón cero. Jaja). Una gorda soñada, hermosa, la luz de mis ojos. Hoy pasaron 13 años de eso y todavía me emocionó mientras lo escribo. Todos los días las miro y pienso que es un milagro, un regalo del cielo. Pasaron los años, pero nunca me olvidé todo lo que pasé, la frustración, la espera, la decepción. Tuve que aprender mucho, sobre todo de mi misma. Tuve que crecer.

Después de 18 años me separé. Nos seguimos queriendo mucho con el papá de mi hija, pero a veces pasa que el amor se termina. El tiempo pasó y por las cosas maravillosas de la vida me volví a enamorar. Ya más grande con 39. ¡Felicidad! Verlos a él y a mi hija armando un vínculo de amor fue también hermoso. Y se quieren mucho. Por eso digo que una familia tiene muchas formas de ser. Él, por diferentes razones, no había tenido hijos ni había pensado en el tema. Yo apenas lo conocí, en la primera salida, ¡le conté todo mi tema de infertilidad por si las moscas! Le dije: ¡Con ayuda de la medicación ojo… que un óvulo bueno te saco eh! Y se rió. Habrá pensado que era una loca. Pero él se quedó conmigo, me eligió a mí, no a mi maternidad como me dijo un día. Así que seguimos para adelante e hicimos planes de un tratamiento.

Solo quiero decirles que durante años firme cuanto papel había para que salga la ley de fertilidad, que fui a las marchas para que se aprobara ya con mi hija en brazos. ¡¡¡Yo que durante años vi chicas haciendo esfuerzos sobrehumanos para pagar los tratamientos y el día que se aprobó la Ley lloré!!! Lloré de felicidad por todas las que venían atrás mío. Yo, yo soy la misma que hace unos meses fui a mi obra social con una receta para iniciar un nuevo tratamiento. Y la chica que me la recibe se va al fondo y vuelve a los 10 minutos con todo aprobado. Así que agarré la receta, agradecí, cruce la puerta, me senté en al auto y lloré un montón, como si tuviese cinco años. Jamás pensé que iba a poder usar está ley. Habíamos luchado todas tanto por esto. Me acordé todo lo que habíamos tenido que hacer antes para lograrlo y hoy solo me llevaba un rato. ¡La verdad que ya me siento una ganadora! Aunque hoy soy madre no me olvido del dolor y la angustia que pasé, los tengo tatuados en mi alma. Por eso muchas veces las leo y siento que solo nosotras sabemos lo que se pasa.

Para ir cerrando mi historia les cuento que arrancamos con los famosos análisis. Todo venía muy bien y ya estábamos por hacer nuestro primer intento cuando mi novio/marido contrajo un virus que le provocó azoospermia. ¡¡¡No lo podíamos creer!!! Nooo pensé. Cada vez más difícil. Así y todo, luego de meses volvimos a la carga y tuvimos la posibilidad de hacer las 3 Icsis. En la última fue un bioquímico y hasta ahí llegamos. Él no quiere más, siente que es demasiado esfuerzo emocional. Y justo ahí, la vida me vuelve a enseñar y me hace crecer, y me hace tener la fortaleza para respetar su decisión porque lo amo y no todos aguantan los golpes de la misma manera.

Solo quiero desearles a todas de corazón…lo mejor en su búsqueda. Todo se va construyendo en el camino, y aunque a veces parezca largo, todo llega de una u otra manera. ¡Besos y a seguir apostando por nuestros sueños, lo valen!

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